Ecos

De AL FINAL DEL MUNDO
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DRAMA SIN TEATRO

por Ericka Florez

publicado en vertebraxvertebra


Al final del mundo

Obra de María Isabel Rueda.

Octubre 2021

Las sondas o las vibraciones como la manera en que lo inmaterial circula entre nosotros. Si los artistas somos expertos en la materia: ¿Cómo lidiamos con lo inmaterial o qué tipo de materia es lo inmaterial?

En el texto de María Isabel las imágenes no son solo representaciones, son apariciones, vibraciones, reverberaciones. Las imágenes aparecen como sonidos. Nos muestra que las cosas “aparecen” y no “son”. El sonido y la vibración son esa evidencia de cómo lo inmaterial moldea la materia; tal vez la evidencia más contundente para una cultura positivista. En el texto de María Isabel se habla de imágenes que no se pueden tocar o constatar, pero que operan, que tienen un efecto en los cuerpos.

Me conmovió que un ensayo que deconstruye la idea occidental de “mirada” e “imagen” sea escrito por alguien que empezó su carrera en el arte como fotógrafa. Y así inicia su texto: “En 2003 yo vivía en Bogotá cuando tomé unas fotos de vampiras que eran todas mujeres”. Después, el texto sigue hablando de los espejos como tecnología, de la glándula pineal o tercer ojo como tecnología, de la mirada antes de la lengua, del lenguaje: de la capacidad humana de leer vísceras o estrellas.

En el texto se habla de la luz como una materia que guía, que moldea. La luz: esa materia informe que da forma y moldea trayectorias. En el texto, de una manera sutil aparece lo femenino (eran vampiras, y no vampiros). Me hace pensar en Federicci y tantas otras feministas que han señalado que ese campo de lo sutil (de lo informe, de lo invisible, de lo vibratorio) era el campo femenino por excelencia; y era también el campo del saber del cuerpo. El cuerpo femenino como lector de códigos ocultos. Creo que es Federicci quien contaba que antes de la brújula, la gente sabía interpretar las vibraciones del agua, ubicarse a través de ellas –navegar- en plena oscuridad. Ese reino de lo sutil (de las vibraciones) es el reino de lo “leído” por los otros sentidos que no son los ojos.

El texto primero lo oí, durante su conferencia musical; y después lo vi en una publicación -hecha por Relámpago y Jardín publicaciones- más como una aparición que como una diagramación. En la publicación el texto “aparece”, parece que apareciera y desapareciera entre los caracteres, el texto a veces se diluye entre signos de puntuación, rayitas y palitos, como un código que enloqueció y que sugiere una imagen o constelación. Detrás del texto hay una tabla ouija también hecha con caracteres. En esta publicación la superposición de lo repetido crea un ritmo que se diluye, una imagen posible, más que una imagen delimitada. Y la ouija con sus caracteres que forman otros caracteres de siluetas diluídas insisten en una de las ideas que presenta María Isabel en su texto: “la ouija viene de una palabra en egipcio que significa el ojo que todo lo ve”.

Parafraseo algo que dice en su texto: antes la sociedad no producía evidencias, antes la producción de mímesis –de símbolos- se le llamaba magia; es decir que antes producción de lenguaje y de realidad era en sí mismo un acto mágico. Dice algo así como: antes especular era mirar el firmamento con un espejo.

En el texto de María Isabel dice algo de una comunidad indígena del Perú que no ve constelaciones sino manchas.

Antes, la figura constelación tenía una potencia revolucionaria para mi. Se oponía a esa idea tan occidental de pensamiento arbóreo (todo tiene una única raíz rastreable). El pensamiento arbóreo indica una estructura fija y jerárquica. En cambio la constelación era la metáfora de la imagen dialéctica, la imagen que no se fija y que es distinta cada vez que se la mira. La imagen como lectura, como posibilidad. Cada imagen se constituye en el momento de ser leída, y por lo tanto no es una esencia (no es una impresión). La imagen y el saber como algo inestable: como algo que más que fijarse, vibra, reverbera.

Aunque parecida a la de la constelación, la figura del rizoma ya me sonaba un poco manoseada. Pero fueron los que propusieron el rizoma los que hablaron en contra del pensamiento arbóreo. Ahora me presentan una figura aún más anárquica: la mancha. Es aún mas accidental y aleatoria que el concepto de constelación. Según el texto de María Isabel, esta noción de mancha habla de una constelación que no necesita de la presencia de estrellas para ser identificada, sino que está conformada por espacios vacíos. Que sea la ausencia la que conforma una configuración, es lo contrario a la idea positivista de nuestra noción occidental de estructura (o de imagen).

Esto es una imagen para mi: un modo de funcionamiento. Una imagen no es decorativa como no lo es una metáfora. Una imagen funda una forma de relación sobre la cual se estructura o desestructura una cultura.

Cuando Glissant habló de la noción de “archipiélago” apuntaba a que lo importante no era tanto las islas en su separación autocontenida, si no el océano que las une sin convertirlas en totalidad.

La sonda, la vibración, la onda, la reverberación no es solo la forma del sonido, sino la forma de todo lo inmaterial, y de todo lo que une, de todo lo que demuele los límites. La vibración sería a los cuerpos lo que el mar al archipiélago: es la materia intersticial que no aglutina: une las cosas sin convertirlas en un sistema.

Hace pocos días vi en instagram una foto de María Isabel con Catalina Lozano, una foto social como cualquier otra. Esa foto me recordó a una que había visto hace una década y pico en la que Catalina era una de esas vampiras de la sábana retratadas por María Isabel. Pero esa foto en instagram no vino tanto a traerme un pasado sino a anunciarme un futuro: en los próximos días llegarían a mi tanto el texto de María Isabel como el de Catalina, textos profundamente interconectados que hablan sobre lo visible y sobre el problema de nuestro “positivismo” (pero sobre el de Catalina escribo después). Más que en algoritmos que predicen mis elecciones futuras, quiero pensar en la magia del augurio, y en que aquello que miramos nos mira.

Ojalá todos pudieran ver esa increíble conferencia musical de María Isabel y todos sus amigos, y todas las cosas que orbitan en torno a este texto, y esta publicación de Relámpago y Jardín publicaciones.





XI PREMIO LUIS CABALLERO IDARTES






MARÍA ISBAEL RUEDA: UN FINAL DEL MUNDO, MUCHOS CAMINOS POSIBLES


por Arantxa Díaz Aguirre publicado en Criterio
Acceso a la entrevista completa aquí

La artista cartagenera María Isabel Rueda fue la encargada de abrir el Premio Luis Caballero con su proyecto ‘Al final del mundo’. Diario Criterio habló con ella sobre su carrera artística, la espiritualidad y la muerte.

Parece que cuando María Isabel Rueda decidió ponerle a su proyecto Al final del mundo se refería más bien al inicio de un nuevo mundo. Lo que llamó spoken word fue una invitación para cerrar los ojos y mirar hacia adentro. Las vibraciones musicales, la voz de la artista y el movimiento de los avatares crearon la escena de un relato perfecto de ciencia ficción: un universo entrelazado entre luces y sombras donde todo puede ser posible.

Su creación artística le dio la bienvenida al XI Premio Luis Caballero, el pasado 15 de octubre. Más que enfocarse en una sola pieza, la artista cartagenera centró su trabajo en vibraciones que involucran la palabra, la imagen, el movimiento, la voz, la música, los procesos sonoros, el simulacro y la realidad, el documento y la ficción y el cuerpo...



CONVERSACIÓN ENTRE CATALINA RODRÍGUEZ Y MARÍA ISABEL RUEDA


Acceso a la entrevista completa aquí

REEMPLAZ0 ENTREVISA A MARÍA ISABEL RUEDA